viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Revolución, contra revolución, equilibrio, tras la muerte de Fidel?


La prensa internacional neocolonial comienza a amenazar a Cuba de los problemas que puede ocasionarle seguir la senda del socialismo que perdura en su seno.

Junto con los titulares occidentales que “denuncian” la represión existente, insisten en la pobreza enorme que agobia a su pueblo y el deseo de cambio. Obviamente del bloqueo no hay mención alguna a las causas, las consecuencias y el martirio de la niñez, juventudes, clase trabajadora, adultez mayor, a causa de este inicuo proyecto.

Las interrogantes aparecen: ¿la muerte de Castro debilitará el gobierno cubano?, ¿Donald Trump acrecentará el bloqueo?, ¿se incrementará o disminuirá la ayuda internacional a la isla?, ¿aumentará la oposición interna?, ¿se mantendrá la campaña mediática acusando al gobierno de ser una dictadura implacable?

Lo primero que se debe afirmar es que el fidelismo no es una corriente personalista simplemente sino una estructura ideológica más fuerte que une la figura del Comandante con la concepción de revolución permanente, logrando un hecho fundamental: que sus ideas trasciendan, lo que corrobora el fenómeno del Che en otra perspectiva heroica. La expresa orden de Fidel en cuanto a no exaltar su nombre en calles, parques, realizar bustos, etc., como parte del culto a la personalidad, demuestra una egregia fundamentación en principios éticos.

Lo segundo, es que Donald Trump debe seguir su discurso agresivo hasta ser nombrado presidente de modo formal, jurídico, y en ese momento hay que iniciar el análisis sobre el terreno de los hechos ya que hasta dicho día sólo tiene la nominación sin poseer el poder de decisión real. Es muy factible que sopese con frialdad los pro y contra de una decisión que agrave el cerco ilegal que se ha perpetrado por Obama y anteriores mandatarios. Por el contrario, con Hillary se sabía claramente su papel guerrerista, continuador del conflicto en Medio Oriente, su rechazo a Irán, su agresividad contra sectores sociales de bajos recursos, entre otras medidas previsibles.

No hay que olvidar que las élites aún intentan nombrar a Clinton por la puerta trasera, o sea, presionando a los electores para no confirmar a Trump, signo de la corrupción en Estados Unidos y que, de llevarse a cabo, provocaría ahora sí una violencia indescriptible de los seguidores del magnate.

En tercer lugar, afortunadamente la cooperación internacional comienza a acrecentarse y es factible que, pese a los castigos comerciales a quien intente negociar con Cuba, se logre paulatinamente superar dicho proceso que atenta contra la salud integral del pueblo isleño, fortaleciendo los pilares comunitarios del socialismo real implementado.

En cuarto lugar, y no menos importante pues hay que ahondar en ello, la oposición interna no se hará efectiva como se desea en los círculos más reaccionarios pues, aunque existe disidencia evidente sus niveles no alcanzan un poder desestabilizador o destructor. Lo que no es óbice para analizar con detenimiento donde están las carencias que la gente aprecia como debilidad del modelo y, por ello, los investigadores deben actuar con razonabilidad previsora en todo momento para resolver las urgencias importantes.

Cabe mencionar para el análisis que la oposición se ha congregado en torno a la Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD), paradójicamente similar a la Mesa de Unidad Democrática-MUD (organización venezolana que intenta subvertir el orden constitucional), con el fin de potenciar un cambio hacia una democracia participativa y ciudadana, la que proyecta dejar atrás el gobierno socialista en 2018 cuando Raúl Castro entregue la dirección del país. La intervención de EE.UU. es uno de los puntos más importantes de analizar pues desde el gobierno saliente continúa la estrategia de desestabilización a través de la infiltración de capitales para subvertir el orden, financiar a la oposición y desatar campañas mediáticas intensas. No sin razón, la secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Roberta Jacobson, manifestaba reiteradamente su preocupación por los derechos humanos en Cuba, las detenciones políticas y, especialmente, mencionando a las disidentes Berta Soler y Danile Ferrer como casos demasiado graves, información replicada a nivel mundial con el fin de alertar al mundo democrático de “la represión en la dictadura castrista”, según su propia interpretación. Para John Kerry, lo que hace falta en Cuba es una “democracia genuina” similar a la de EE.UU. (sin ahondar en las contradicciones del régimen estadounidense), y en coherencia con las declaraciones políticas de cubanos opuestos que auguran mayor represión con el fallecimiento de Castro, no ceder ningún espacio al gobierno u organizarse para competir en las presidenciales de 2018.

En quinto lugar, la guerra mediática persistirá y se complementará con la generación de condiciones para subvertir el proceso o, por lo menos, incitar a desconfiar, murmurar, destruir, fundamentos básicos del sistema estatal, propiciando descontento laboral, por ejemplo.

La conclusión final es que Cuba, pese al dolor que causa el deceso del Comandante Fidel en muchos países del mundo que recibieron su solidaridad y a su propia ciudadanía, el proceso continuará incólume y realizando las modificaciones que la dialéctica sociopolítica requiera. Seguramente Donald Trump podrá castigar o morigerar el bloqueo, lo que es aún incierto, aunque no podrá afectar la inalterable conciencia del pueblo mismo en su interior.

Es el anhelo de quienes han confirmado la validez de una categoría que contradice al capitalismo en su esencia: la riqueza humana, la alegría, la autodeterminación, la felicidad de ser patriota, son superiores al triste efecto que causa la acumulación del dinero al demostrar que la desigualdad es su expresión máxima.

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